
La operación militar en Segovia, Antioquia, representa un esfuerzo significativo del gobierno del presidente Gustavo Petro para combatir al Clan del Golfo, un grupo criminal que ha mantenido una fuerte presencia en la región. La autorización para el uso de bombardeos es una medida poco común, lo que subraya la gravedad de la situación y la amenaza que representa este grupo para la seguridad pública.
El ataque se dirigió específicamente a las veredas Arenales y Montefrío, donde se identificaron a miembros de la compañía móvil Jairo Julio de Hoyos y la subestructura Manuel Alexander Ariza Rosario, quienes han sido acusados de intimidar a la población civil y de participar en enfrentamientos con el Ejército de Liberación Nacional (ELN).
La operación ha resultado en la muerte de al menos nueve personas, incluyendo a dos cabecillas del Clan del Golfo, lo que podría tener repercusiones importantes en la estructura del grupo y en la dinámica del conflicto armado en la región. El gobierno espera que estas acciones contribuyan a la reducción de la violencia y al restablecimiento del orden en áreas afectadas por la actividad criminal. Sin embargo, también plantea interrogantes sobre las implicaciones humanitarias y la necesidad de abordar las causas subyacentes de la violencia en Colombia.